Hoy, ocho de cada diez chicos de 3 a 12 años tiene
piojos. Difíciles de combatir y hábiles para
moverse, estos pequeños parásitos son la pesadilla
y obsesión de padres e hijos. No vuelan ni saltan,
pero el contagio en las escuelas es cada vez mayor. Al no
existir productos preventivos eficaces es vital la utilización
del peine fino.
¿Resistentes a todo?
La pediculosis es una enfermedad de la piel tan antigua
como la humanidad. Pediculosis deriva del vocablo latín
Pedículus, que significa piojo. En los últimos
25 años asistimos, en todo el mundo, a una epidemia
de pediculosis. Lo que antes era patrimonio de las poblaciones
con insuficientes hábitos higiénicos, hoy
se ha convertido en la preocupación constante de
los padres de todos los grupos sociales. Los piojos son
insectos hematófagos, ectoparásitos permanentes
de los mamíferos. La cabeza, un ambiente cálido
y con suficiente alimento, es el mejor lugar para su reproducción.
El nombre científico del piojo es Pedículus
Humanus Capitis, puede tener entre 2 y 4 milímetros
y se mimetiza entre los cabellos de la cabeza portante.
No tiene alas y precisa del hombre para existir. Posee
tres pares de patas gruesas que terminan en uñas
prehensibles las cuales le permiten tomar superficies
de pelos para sujetarse y desplazarse. Se moviliza rápidamente
por el cuero cabelludo, y puede avanzar hasta 23 centímetros
por minuto. Produce una sustancia de una resistencia similar
al cemento para pegar a las liendres -el huevo- a cada
pelo. Las liendres son de color blanquecino o pardusco,
visibles a simple vista, con forma ovoide de 0,8 a 1 mm,
que se adhieren al pelo inmediatamente después
de ser expulsados por la hembra.
Cualquier persona se puede infectar con piojos en condiciones
convenientes de exposición. La pediculosis se contagia
fácilmente de persona a persona durante el contacto
directo con una cabeza ya infestada. También se
transmite en forma indirecta a través de peines,
gorros, adornos del cabello, auriculares, etc o a través
del medio ambiente, desde piletas de natación,
colchones, sillones, apoyacabezas, etc.
La saliva del parásito provoca enrojecimiento
e irritación del cuero cabelludo especialmente
del área retroauricular y nuca. La picazón
es el síntoma más común de esta infestación.
La piel presenta signos de inflamación, ardor,
calor y prurito. La coloración del cuero cabelludo
es rojiza pudiendo el rascado eczematizarlo, forma de
irritación que se da especialmente en alérgicos.
La intensa picazón, especialmente en la zona de
la nuca y por detrás de las orejas, pude provocar
escoriaciones en la piel y sobreinfecciones bacterianas,
caracterizadas por supuración, ganglios y eventualmente
fiebre.
Se debe evitar el contacto físico con personas
infestadas y sus pertenencias, especialmente ropa, accesorios
para la cabeza y ropa de cama. Es importante lavar la
ropa y las sábanas con agua caliente o a seco,
para matar los piojos y liendres. Además, es fundamental
hacer una inspección directa periódica de
la cabeza de los chicos.
La vida media de un piojo es de treinta días, período
en el que es capaz de poner más de ciento cincuenta
huevos. Las liendres suelen estar localizadas en toda
la zona de la nuca y detrás de las orejas. Se distinguen
de la caspa porque los huevos están firmemente
adheridos al pelo.
A pesar de la gran oferta de pediculicidas que ofrece
el mercado hoy, lo cierto es que estos diminutos parásitos
aseguran su subsistencia mutando y haciéndose cada
vez más resistente a los productos que aseguran
su eliminación. Esta capacidad biológica
hace que los que sobrevivan a la aplicación de
un insecticida, en la próxima colocación
ya hayan mutado y sean más resistentes.
La mejor arma actualmente para contrarrestarlos es el
peine fino, preferentemente de metal porque es más
flexible y dura más. Pasarlo todos los días
después del baño parece ser la mejor fórmula
para combatir los piojos. Una buena estrategia es mojarlo
en vinagre blanco diluído a la mitad con agua para
así facilitar el despegue de las liendres. El secreto:
pasar el peine desde las puntas hacia las raíces
del pelo (es decir al revés) y no de la manera
convencional. El método más eficaz y menos
doloroso para pasar el peine fino consiste en separar
el cabello en pequeños mechones. Debería
utilizarse diariamente luego del regreso de la escuela.
Es necesario examinar todos los convivientes de la persona
infectada por piojos.
Es importante recordar que el tratamiento con pediculicidas
debe realizarse bajo control médico y no puede
repetirse sin indicación precisa, ya que estas
sustancias mal utilizadas pueden causar toxicidad o bien
crear resistencia siendo uno de los problemas que actualmente
complican la eficacia del tratamiento. La resistencia
es notoria en las clases socio-económicas más
altas, debido al mal uso periódico de insecticidas.
Un error común con los pediculicidas es aumentar
la dosis recomendada de un producto aparentemente si no
da resultado o en lugar de diez minutos, dejar el producto
dos horas. Esto puede llegar a tener algún efecto
adverso. Si el insecticida falla, hay que dejar de usarlo.
Los pediculicidas que se utilizan consisten en champúes,
lociones o cremas de enjuague con permetrina o lindano.
Se deben dejar actuar durante diez minutos y enjuagar.
La aplicación se repite a los siete días.
Cuando por alguna circunstancia no puede realizarse el
tratamiento tópico, el dermatólogo indicará
tratamiento por boca con ivermectina, reservándose
este tipo de tratamiento a contados casos.
Para tener en cuenta:
* Usar el pelo corto o al menos recogido.
* Lavarlo diariamente.
* Un enjuague final de agua con vinagre (dos partes de
agua y una de vinagre) ayuda a desprender las liendres.
* Pasar el peine fino periódicamente.
* Cepillar el cabello a diario.
* Revisar detrás de las orejas y la nuca dos o
tres veces a la semana buscando las liendres.
* No usar tratamientos pediculicidas para prevenir y sin
indicación médica.
* No compartir objetos personales del cabello.
* Lavar todos los peines o cepillos de pelo usados por
la persona en agua caliente y jabón por lo menos
10 minutos.